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Benedicto XVI ha pedido a la conferencia que ha convocado la Organización de las Naciones Unidas para buscar respuestas a la crisis económica y financiera que tome decisiones valientes que acaben con el "inaceptable" escándalo del hambre.
Asimismo, el pontífice ha pedido que la cumbre, que se celebrará del 24 al 26 de junio en Nueva York promueva la lucha a la pobreza con "una justa distribución del poder de decisión y de los recursos".
El Papa ha subrayado la importancia de ese encuentro que, como dice un comunicado de las Naciones Unidas, busca "analizar la peor crisis económica que ha vivido el mundo desde la Gran Depresión".
Según la ONU, "el objetivo es determinar respuestas de emergencia y de largo plazo para mitigar los efectos de la crisis, especialmente en las poblaciones vulnerables, e iniciar un necesario diálogo sobre la transformación de la arquitectura financiera internacional, teniendo en cuenta las necesidades y preocupaciones de todos los Estados miembros".
Después de rezar el Ángelus desde la ventana de su estudio, el Papa invocó "sobre los participantes en la Conferencia, así como sobre los responsables de la cosa pública y de los destinos del planeta el espíritu de sabiduría y de solidaridad humana para que la actual crisis se transforme en una oportunidad capaz de favorecer una mayor atención por la dignidad de toda persona humana y de promover una justa distribución del poder de decisión y de los recursos, prestando particular atención al número por desgracia siempre en aumento de los pobres".
En el día en el que en muchos países se celebraba la fiesta del Corpus Domini, "Pan de la vida", el Papa recordó "a los centenares de millones de personas que sufren a causa del hambre".
"Es una realidad absolutamente inaceptable, que no logra redimensionarse a pesar de los esfuerzos de las últimas décadas", afirmó.
El Papa concluyó deseando que, "con motivo de la próxima Conferencia de la ONU y en las instituciones internacionales se asuman medidas compartidas por toda la comunidad internacional y se realicen esas opciones estratégicas, que en ocasiones no son fáciles de aceptar pero que son necesarias para asegurar a todos, en el presente y en el futuro, los alimentos fundamentales y una vida digna".
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Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se ha celebrado el pasado 16 de octubre, la Campaña "Derecho a la alimentación. Urgente" denuncia que 923 millones de personas pasan hambre y desnutrición en todo el mundo., según un informe de Cáritas España.
El incremento respecto al año anterior es de setenta y cinco millones más, pese a que las cosechas de 2007 han batido récords. "El número de personas hambrientas ha pasado, en el último año, de 854 millones de personas a 923 millones", explica el informe.
Detrás de este incremento está la subida del precio de los alimentos, que fue, de media, del 52% entre 2007 y 2008. Algunos productos básicos como el arroz sufrieron un incremento de más del 200%.
El aumento de los precios de los alimentos no se debe a la falta de producción, ni a la reducción de las cosechas por el cambio climático o a la influencia de los agrocarburantes: las cosechas de 2007 han batido récords mientras que la producción de carburantes de origen vegetal compite con la de productos alimenticios en el uso de los recursos --agua, tierra, semillas-- pero no provoca el descenso de la producción.
"Las razones del incremento de precios, por tanto, hay que buscarlas en las políticas agrarias de las últimas décadas, centradas en la rentabilidad comercial de los alimentos, en lugar de en garantizar el derecho a la alimentación, y en la especulación financiera en mercados de futuro y fondos de inversión con los productos alimenticios", afirma Cáritas.
"Gracias a las recetas de las instituciones financieras como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, en los años 80, la agricultura dejó de ser una prioridad para la mayoría de los países en desarrollo, que abandonaron los cultivos orientados a la alimentación de la población en aras de la producción destinada a la exportación", explica la institución de caridad católica.
"Los países industrializados, mientras tanto, aprobaban programas millonarios de subsidios agrarios para su agricultura, lo que permitía la comercialización a precios más baratos de sus productos. Países que históricamente eran productores de alimentos se convirtieron en importadores netos de alimentos subsidiados, lo que, unido a la falta de inversión en tecnología, sistemas de riegos, capacitación, infraestructuras... terminó por hundir las agriculturas locales".
Especulación con alimentos
"En los últimos años, los avatares financieros de las Bolsas internacionales han dirigido las inversiones de nuevo hacia las materias primas, que se han convertido en valores seguros con los que especular. Para protegerlos, se han puesto en marcha medidas como la restricción de las exportaciones, el producto circulante se ha reducido cada vez más ante la misma demanda y, por tanto, los precios han aumentado", dice Cáritas.
"Cuando tres de cada cuatro personas que pasan hambre, el 75% de los hambrientos, son trabajadores del mundo rural, es decir, productores de alimentos, y se generan alimentos para el doble de los habitantes que actualmente hay en el planeta, se evidencia que la violación del derecho a la alimentación es un problema de acceso a los productos y recursos suficientes y adecuados para satisfacer las necesidades alimenticias de todos los habitantes del planeta".
Recomendaciones
En esta situación, la campaña "Derecho a la alimentación. Urgente" apoyada por Cáritas hace estas recomendaciones.
- "Países con crecimiento económico sostenido no han conseguido mejorar sus datos de desnutrición porque luchar contra la pobreza no implica, necesariamente, luchar contra el hambre. Afrontar la violación del derecho humano fundamental a la alimentación requiere medidas específicas, que deben tomarse en el marco jurídico y político de los derechos humanos".
- "La crisis alimentaria debe verse como una oportunidad para examinar la situación alimentaria mundial, hacer un diagnóstico en un contexto de cambio climático y crecimiento demográfico importante y, a partir de ahí, establecer una "hoja de ruta" desde la soberanía alimentaria que incluya las dimensiones social, política, ambiental y nutricional de la alimentación".
- "Aunque la FAO identifique la bioenergía y el cambio climático como los principales retos que afronta la seguridad alimentaria mundial, el reto está en decidir qué, para qué, para quién y cómo se quiere producir. El resto son circunstancias que afrontar como fueron otras en el pasado".
-"El fin del hambre precisa del regreso a políticas agrarias diseñadas en función de las necesidades de la población y con la participación de los agricultores, respetuosas con el medio ambiente y que no tenga por objetivo final el comercio sino la realización del derecho a la alimentación de las personas".
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El hecho de que haya suficientes alimentos para alimentar a la población mundial demuestra que la lucha contra el hambre es ante todo una cuestión de compromiso ético, considera Benedicto XVI.
Así lo expresa en el mensaje que ha enviado el Papa al director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el señor Jacques Diouf, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se celebró el pasado mes de septiembre.
El Papa comenta en su misiva el tema escogido en este año para la jornada, "La seguridad alimentaria mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía".
"Los medios y los recursos de los que dispone el mundo pueden procurar una alimentación suficiente para satisfacer las necesidades crecientes de todos", constata la misiva.
De hecho, explica, "lo demuestran los primeros resultados de los esfuerzos aplicados para aumentar los niveles globales de producción ante la carestía registrada por las cosechas".
El pontífice plantea por tanto la pregunta central que plantea la cuestión: "¿Por qué no es posible evitar que tantas personas sufran de hambre hasta las consecuencias más extremas?".
El Papa cita varios motivos: "la carrera al consumismo, que no se detiene a pesar de una menor disponibilidad de alimentos y que impone reducciones forzadas a la capacidad alimentaria de las regiones más pobres del planeta; o la falta de voluntad para concluir negociaciones y para frenar los egoísmos de Estados y de grupos de países o para acabar con esa 'especulación desenfrenada' que afecta a los mecanismos de los precios y el consumo".
Otros motivos del hambre, según el obispo de Roma, son "la ausencia de una administración correcta de recursos alimentarios causada por la corrupción en la vida pública o las inversiones crecientes en armas y tecnologías militares sofisticadas".
Estos motivos, constata el Papa, "tienen su origen en un falso sentido de valores sobre los que deberían basarse las relaciones internacionales, y en particular, en esa actitud difundida en la cultura contemporánea que sólo privilegia la carrera a los bienes materiales, olvidando la verdadera naturaleza de la persona humana y sus aspiraciones más profundas".
El resultado es, por desgracia, denuncia, "la incapacidad de muchos para asumirse las necesidades de los pobres y para comprenderlas, negando así su dignidad inalienable".
Por este motivo, considera, "una campaña eficaz contra el hambre" exige "mucho más que un simple estudio científico para afrontar los cambios climáticos o para destinar en primer lugar la producción agrícola a la alimentación".
"Es necesario, ante todo, redescubrir el sentido de la persona humana, en su dimensión individual y comunitaria, a partir del fundamento de la vida familiar, fuente de amor y afecto, de la que procede el sentido de solidaridad y la voluntad de compartir", indica.
"Este planteamiento responde a la necesidad de construir relaciones entre los pueblos basadas en una disponibilidad auténtica y constante para hacer que cada país sea capaz de satisfacer las necesidades de las personas, pero también de transmitir la idea de relaciones basadas en el intercambio de conocimientos recíprocos, de valores, de asistencia rápida y de respeto".
Según Benedicto XVI, "se trata de un compromiso por la promoción de una justicia social efectiva en las relaciones entre los pueblos, que exige de cada uno ser consciente de que los bienes de la Creación están destinados a todos y de que en la comunidad mundial la vida económica debería orientarse a compartir estos bienes, a su uso duradero y a la justa repartición de los beneficios que se derivan".
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