El presidente de Fesbal, Juan Vicente Peral, advierte de que las personas que siguen recibiendo ayuda tienen muchas dificultades para volver al mercado laboral.

A sus 80 años y después de varias décadas en distintos cargos directivos, Juan Vicente Peral es uno de esos hombres que «prefiere ir por el suelo y no por el cielo». Ese contacto directo con «los problemas del día a día» le ha llevado a ser elegido en mayo del año pasado presidente de la Federación Española de Bancos de Alimentos (Fesbal). Peral se siente orgulloso de estar al frente de esta institución que ha sido declarada como la ONG mejor valorada en 2018 por los voluntarios. «Es muy gratificante», asevera.

Cada año, los 55 bancos de alimentos presentes en todas las provincias, logran distribuir más de 152.000 toneladas de lácteos, pasta, legumbres, aceite, verduras, frutas y conservas, que obtienen de donativos de la industria, de la Unión Europea y de campañas de grandes recogidas de alimentos a las puertas de los supermercados. «Si no fuera por nuestra labor, muchos de estos productos terminarían en el vertedero al llegar a su edad de prejubilación», advierte Peral.

La enorme eficacia de esta institución, sin embargo, fue puesta a prueba durante los peores años de la crisis. «Hemos tenido que recurrir a todos los recursos legales inimaginables porque esa labor de evitar el despilfarro de algún producto que se podría utilizar de manera más eficiente no es suficiente cuando la situación económica es de pleno empleo, pero es totalmente insuficiente con una crisis como la desatada en 2008». Durante los años de recesión, esta organización llegó a facilitar alimentos a «más de dos millones de personas», recuerda su presidente.

«Recogemos el doble de alimentos que Francia que tiene mucha más población. Sorprendentemente somos un país solidario»

Con la recuperación económica esa cifra ha caído un 30%, hasta los 1,5 millones de personas. «Podemos decir que hemos pasado de una sensación de impotencia y desbordamiento a una situación de control, de sentir que la situación, aún siendo todavía difícil en algunos aspectos, está controlada», afirma Peral. Pese a que los beneficiarios han disminuido, Fesbal ha realizado un gran esfuerzo por seguir aumentando el número de kilos recogidos. «Los que ahora reciben ayuda –puntualiza– reciben una ayuda mayor, más diversificada y de mejor calidad».

Con la llegada de la recuperación económica, Fesbal se plantea nuevos retos para poder dar respuesta a la cronificación de la pobreza que sufre todavía una parte de la población. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la pobreza severa afecta al 5,1% de la población.

Más solidarios que Francia

«Un grupo de las personas que había en ese bloque de desfavorecidos han ido poquito a poco encontrando acomodo en el mercado laboral pero notamos que las personas que quedan son más resistentes a poderse incorporar a un empleo por falta de preparación», explica el presidente de Fesbal. Ante este duro panorama, los bancos de alimentos se están planteando diversificar su ayuda e incluir medidas de inclusión y formación.

Esta iniciativa ya está en marcha en algunas provincias como Málaga o Sevilla, donde los beneficiarios además de recibir alimentos también reciben cursos de formación para desempeñar tareas sencillas que pueden tener salida laboral, como camareras de piso, carretillero o gestión de almacén. «El mensaje sería: alimentos y algo más», indica Peral. Entre esas nuevas medidas, Fesbal también se plantea incluir la entrega de vestuario, calzado, material escolar y sanitario.«Todo esto ayudaría a potenciar nuestra acción en favor de las personas necesitadas», apunta.

Pero todo este trabajo sería imposible sin la colaboración de los voluntarios. En esta organización su labor es fundamental, ya que el 95% de las personas que integran los bancos de alimentos no perciben ninguna remuneración por su tarea. En total, suman más de 3.000 personas. Su número, sin embargo, se triplica cuando llega la gran recogida de alimentos a las puertas de las grandes superficies durante el mes de noviembre. «Recogemos el doble que Francia que tiene mucha más población. Si tenemos en cuenta el kilo donado por habitante, España se sale. El siguente es Francia y está a una distancia abismal. Sorprendentemente somos un país solidario», afirma el presidente de Fesbal.

Para Peral, los ciudadanos son más conscientes de la pobreza que las empresas. «Estas son más calculistas en función de sus cirscunstancias pero tampoco nos podemos quejar», afirma.

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